| El alma de un Zorrilla renacido |
| Palco vip - En el aire |
| Lunes, 18 de Junio de 2012 15:50 |
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El sábado ocurrió. En un Zorrilla lleno, el Valladolid apretó los dientes ante un gran Alcorcón y pasó por el último resquicio que la puerta de Primera dejaba para la gloria. Así fue cómo lo vivimos en una de las 26.000 historias diferentes que llenaron el cielo de Pucela. Sudores fríos, continencia verbal severa, movimientos espasmódicos sin ningún sentido y acongojamiento generalizado que deriva en una euforia inusitada. Si usted sintió esto, es que sabe lo que es vivir un ascenso. Parecía mentira que tras una interminable temporada, todo Zorrilla quedase en un silencio mudo cuando el Alcorcón puso el 0-1 en el marcador. Ese silencio atronador que retumba en las paredes de un estadio que no podía dejar escapar la gesta con sus héroes ya sangrando en la arena y con un público entregado a la importancia de la empresa. Pasan tantas cosas en un ascenso que es díficil conjugar todas en este ejercicio emocional que estoy realizando pero si una cosa quedó clara el sábado es que un equipo solidario hizo despertar a una afición que no sabía que albergaba un rugido capaz de impulsar a sus jugadores. La noche también rescató el lado más emocional del fútbol. Las despedidas que duelen pero perpetúan esencias tan luminosas como las de ya el último 21, un tal Sisinio, AKA “el huevos”, que recordó que el fútbol es una cosa de personas, le faltó decir de personas normales, como él y toda su gente. A mi lado tenía a un buen amigo. Un oviedista que acuñó la bufanda pucelana y que vió, con ese acongojamiento que te produce algo feliz de lo que te vas a despedir, ese Zorrilla de los grandes días, de los grandes jugadores, de los grandes aficionados. Él, como Sisi o Baraja, cierra su círculo de Primera.Vino a Valladolid a estudiar periodismo con el equipo en Primera, y se va otra vez con un ascenso y con la maleta cargada de dudas pero también de recuerdos de un estadio que empujará, solo un poquito, al Tartiere en su futbolístico corazón. Otro buen amigo volvió a llorar. Sufrió, gritó y lamentó. Luego aplaudió y recordó que estuvo en Alcorcón. En esa localidad fetiche donde la última batalla comenzó a ganarse. La del sábado es ya historia de la ciudad. Las siguientes harán hueco para colarse en el alma de una ciudad, un equipo y una afición orgullosa de ser VALLADOLID. Twitter: @sergiopascual Comentarios (2)
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