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La oportunidad perdida
La Tregua - La Tregua
Jueves, 26 de Abril de 2012 20:20

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El Real Madrid, única y exclusivamente, desperdició la posibilidad de volver a una final de Champions diez años después de aquella obra maestra de Zidane. Ni la lotería de los penaltis, ni el árbitro, ni el linchado Kaká, ni el penalti a las nubes de Ramos tuvieron nada que ver en la eliminación del conjunto blanco. De 120 minutos dispuso el Real Madrid para ganar la eliminatoria pero, tras culminar la remontada, se dedicó a especular y lo acabó pagando. El equipo estaba avisado, porque algo parecido había ocurrido en Moscú y en Munich. Ese conservadurismo podía hallar una justificación al ser partidos disputados a domicilio, pero en tu campo esa falta de ambición no tiene coartada. El Real Madrid cayó en la tanda de penaltis, pero podría haberlo hecho al final de los 90 minutos o durante la prórroga porque el equipo bávaro fue mejor. El pase del Bayern a la final fue un acto de justicia.

No pudo empezar mejor el partido, en 14 minutos y con el viento en las velas la anunciada remontada blanca era una realidad. Con el espíritu de Juanito sobrevolando el Bernabéu y una afición entregada a la causa, el Real Madrid encarrilaba la eliminatoria. Todo el madridismo se veía en la final de Munich, pero entonces algo cambió. El equipo de Mourinho se olvidó de jugar al fútbol y empezó a dejar discurrir el tiempo. El Bayern ya había amenazado la portería de Casillas en un par de ocasiones y el repliegue blanco, consciente o inconsciente, provocó que en el minuto 27 Robben igualara la eliminatoria. Desde ese momento, ambos conjuntos parecían haber alcanzado el objetivo con el que iniciaron el partido y el conformismo se apoderó de sus espíritus. Pese a ello, fue el Bayern el que demostró más apetito y más fútbol.

Una de las excusas utilizadas por José Mourinho en la rueda de prensa posterior al encuentro fue el cansancio acumulado tras el Clásico. Es obvio que el Bayern llegaba más fresco que el Real Madrid, entonces, ¿por qué no se intentó finiquitar la eliminatoria en el tiempo reglamentario? Hubo momentos en los que el equipo blanco parecía ansiar descaradamente la llegada de la prórroga. La media hora adicional fue más de lo mismo, aunque ambos equipos dispusieron de ocasiones para cerrar la eliminatoria. Fiar el trabajo de toda una temporada al acierto desde el punto de penalti es jugar con fuego y el Real Madrid se acabó quemando. Ni siquiera los habituales milagros de Casillas fueron suficientes esta vez.

Mourinho es un excelente entrenador, posiblemente el mejor del mundo. Pocos técnicos pueden presumir de su palmarés, con el mérito añadido de haberlo conseguido con distintos clubs. Para bien o para mal, el de Setúbal impone un estilo único a sus equipos. Si el conjunto merengue hubiera llegado a la final de Munich lo habría hecho al estilo Mourinho, no al estilo Real Madrid. Finalmente, los blancos no estarán en el Allianz Arena y la caída no fue al estilo Real Madrid, sino al estilo Mourinho. El equipo dirigido por el portugués tuvo menos posesión, lanzó menos disparos y botó menos saques de esquina que su rival, una manera de caer muy alejada de aquella que dicta la historia del mejor club del siglo XX.

Hubo momentos en los que el Bernabéu pitó a su equipo. Mourinho reaccionaba y salía enfadado del banquillo para recriminar a la afición su actitud. Y es que el luso parece empeñado en modificar el ADN del Real Madrid y de sus aficionados. En el coliseo blanco son los jugadores los que con su juego y su garra deben alentar a la hinchada. La historia del Real Madrid pesa mucho y cuando la gente está acostumbrada a caviar y le ofrecen mortadela, es normal que, ante la pobreza del menú, el entusiasmo brille por su ausencia. Las más de 80.000 personas que se rascaron el bolsillo y abarrotaron el Bernabéu merecían algo más. Al día siguiente, la imagen de un Mourinho arrodillado puebla las portadas, en una nueva muestra de que el Real Madrid ha dado paso al Real Moudrid.

 

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