
El Real Madrid, única y exclusivamente, desperdició la posibilidad de volver a una final de Champions diez años después de aquella obra maestra de Zidane. Ni la lotería de los penaltis, ni el árbitro, ni el linchado Kaká, ni el penalti a las nubes de Ramos tuvieron nada que ver en la eliminación del conjunto blanco. De 120 minutos dispuso el Real Madrid para ganar la eliminatoria pero, tras culminar la remontada, se dedicó a especular y lo acabó pagando. El equipo estaba avisado, porque algo parecido había ocurrido en Moscú y en Munich. Ese conservadurismo podía hallar una justificación al ser partidos disputados a domicilio, pero en tu campo esa falta de ambición no tiene coartada. El Real Madrid cayó en la tanda de penaltis, pero podría haberlo hecho al final de los 90 minutos o durante la prórroga porque el equipo bávaro fue mejor. El pase del Bayern a la final fue un acto de justicia.


